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10 mar. 2012

Las diez grandes mentiras de la sociedad de consumo I

"Pienso que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que ejércitos enteros listos para el combate. Si el pueblo americano permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los banco y todas las instituciones que florecerán alrededor de los bancos, privaran a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertaran sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron." THOMAS JEFFERSON, 1802


La sociedad de consumo del Siglo XXI esta llena de mentiras, de espejismos, de publicidad engañosa, en un mundo donde los consumidores son vistos por los grandes poderes políticos y económicos como una recua a la que hay que ordeñar, sin mayores consideraciones. Esta es la primera entrega de una serie de artículos que iremos publicando como una invitación a pellizcarse, a despertarse, a caerse de la cama de los sueños infantiles para asumir como adultos las cruentas realidades multicolores de la sociedad actual. Espero sus comentarios y aportes

PRIMERA MENTIRA: 
EL ESTADO REGULA LOS PODERES ECONOMICOS Y PROTEGE A LOS CONSUMIDORES. 

No importa lo que diga la constitución de su país, la verdad verdadera es que los grandes grupos económicos financian las campañas de los políticos y que estos no suelen tirarle piedras al panal que les da miel. En el 2007 en Colombia, durante el Gobierno de Uribe Velez, fueron obligados a renunciar (removidos) de sus cargos el Superintendente de Industria y Comercio, Jairo Rubio Escobar y el Superintendente Financiero Augusto Acosta Torres por cumplir el mandato legal de regular la captación ilegal de dineros, evitar las prácticas monopolísticas y las malas prácticas bancarias. Pocos meses después centenares de miles colombianos perdían los ahorros de toda su vida bajo el peso de las pirámides captadoras criminales de dinero. Muchos no solo perdieron sus ahorros sino que perderán sus casas por haberlas hipotecado para obtener préstamos y llevarlos, ante la pasividad estatal, a las captadoras ilegales en busca de rendimientos totalmente desproporcionados.

La defensa de nuestra economía hay que asumirla de manera individual, tenemos que asumir la defensa de nuestras finanzas con inteligencia, sagacidad y decisión, sin actitudes ingenuas ni infantiles, como las de quienes escriben cartas y envían correos a los medios de comunicación reclamando a los reclamando la intervención del Estado, como los bebes chillones reclaman el tetero o mamadera, cuando se les cae de la cuna.

Los consumidores en general y los  usuarios de crédito en particular, debemos actuar  desde las asociaciones de consumidores, de manera efectiva, con planes estratégicos para que se respeten nuestros derechos, buscando que el árbitro estatal deje de inclinar la cancha en favor de los grupos de poder.

Ariel Armel Arenas ha denunciado recientemente ante los personeros municipales colombianos como “a pesar de los avances logrados en el crecimiento económico un alto porcentaje de los consumidores colombianos se encuentra todavía atrapado y sin salida, dentro de los tortuosos laberintos que se interponen en su camino hacia la conquista del bienestar. Corresponde al Estado  ¡y solo al Estado¡ contribuir con sus propios recursos para fortalecer las organizaciones de los consumidores, como lo ordena el Articulo 103 de la Carta que consagra el derecho soberano a la participación comunitaria”.

Si usted quiere saber cual es el verdadero compromiso de un gobernante no pregunte cuantos auxilios, limosnas o ayudas puntuales reparte entre los pobres. Inquiera acerca de que manera esta ese estadista contribuyendo al fortalecimiento de las organizaciones de consumidores y de los organismos de control de protección de los usuarios, porque es con estas decisiones, con estas politicas que de verdad se profundiza en la democracia. Lo otro no es mas que  coyunturales paliativos demagógicos.

Cuando observamos la cantidad de funcionarios de la banca que son nombrados en los altos cargos de las superintendencias que regulan el sector financiero, en comparación con las nulas designaciones de los líderes de las asociaciones de consumidores en cargos de los organismos de control del Estado, concluimos que no hay vocación política de defender los derechos de los consumidores

En este punto debemos hacer una salvedad en honor de los jueces de Colombia. Desde la Corte Constitucional el estado colombiano viene produciendo valerosas sentencias en favor de los usuarios y consumidores. Igual reconocimiento hacemos para los jueces civiles y laborales, juristas íntegros, valerosos (indiferentes a estratégicos halagos como las sospechosas capacitaciones gratuitas del poder financiero), que con sus decisiones vienen haciendo justicia a favor de los deudores colombianos. Benditos sean los jueces colombianos y bendita sea la división de los poderes.

Espere la segunda mentira:
Los bancos y demás prestamistas actuan de manera transparente y responsable

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